¿Dónde se sitúa el centro de gravedad?

Según una investigación publicada en la revista académica Theoretical Biology and Medical Modeling, el centro de gravedad de una mujer es de un 8 a un 15 por ciento más bajo que el de un hombre

¿Dónde se sitúa el centro de gravedad en hombres y mujeres?

En bipedestación relajada, el centro de gravedad suele ubicarse en la región de la pelvis, ligeramente por delante de la segunda vértebra sacra (S2), donde se cruzan aproximadamente los planos sagital, frontal y horizontal del cuerpo. Esta localización es aproximada y varía según sexo, proporciones corporales, masa muscular y distribución de la grasa.

Más que un punto fijo, es un punto móvil: cambia cuando levantamos un brazo, inclinamos el tronco, cargamos peso o damos un paso.

Qué favorece la salud postural

Para “mejorar la salud” no se trata de bajar o subir el centro de gravedad de forma artificial, sino de que:

  • La proyección del centro de gravedad caiga dentro de la base de apoyo (entre los pies al estar de pie, entre isquiones y pies al sentarse), lo que facilita el equilibrio y reduce compensaciones musculares excesivas.
  • La línea de gravedad (la vertical imaginaria que pasa por ese punto) se alinee, en postura erguida, aproximadamente con vértebras cervicales medias, lumbares medias y pase por delante de las dorsales, dentro de una postura fisiológica, no forzada.
  • No haya desplazamientos crónicos muy marcados hacia delante (cabeza y tronco adelantados) o hacia atrás, que obliguen a la musculatura “antigravitatoria” a trabajar de más y favorezcan dolor lumbar, cervical o de rodillas.

Implicaciones prácticas

En términos de salud, lo más útil es:

  • Mejorar la organización postural (pelvis relativamente neutra, columna con sus curvas fisiológicas, apoyo de pies amplio y distribuido).
  • Mantener buena movilidad de caderas, columna y caja torácica, para que el centro de gravedad pueda desplazarse libremente sin rigideces.
  • Evitar hábitos como estar muchas horas con el tronco adelantado sin apoyo, tacones muy altos o sobrecargas unilaterales que desplacen de forma constante el centro de gravedad.

¿Quién fue Moshe Feldenkrais?

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¿Quién fue Moshe Feldenkrais

Con el enfoque Feldenkrais no se “coloca” el centro de gravedad en un punto ideal, sino que se aprende a organizar el cuerpo para que ese centro se equilibre de forma dinámica y sin esfuerzo. La idea es que tu esqueleto, y no la tensión muscular crónica, sea el que haga la mayor parte del trabajo frente a la gravedad.

1. Principios Feldenkrais aplicados al centro de gravedad

  • Se parte de la observación: cómo te apoyas en los pies, cómo se sitúa la pelvis, dónde sientes el peso (más adelante, atrás, derecha, izquierda).
  • Se busca una distribución del peso más homogénea, para que la proyección del centro de gravedad caiga “cómodamente” dentro de la base de apoyo (pies o isquiones al sentarse).
  • No se corrige “desde fuera” (ponte recto, mete barriga), sino que se crean condiciones para que descubras una postura más eficiente por sensación, no por mandato.

2. Un esquema simple de exploración de pie

Puedes probar una pequeña secuencia inspirada en este enfoque (hazla sin dolor, muy suave, como experimento):

  1. De pie, con pies separados al ancho de la pelvis, nota dónde sientes más peso: ¿talones o metatarsos?, ¿pie derecho o izquierdo?
  2. Sin cambiar nada a propósito, deja que la pelvis se desplace muy levemente hacia adelante y observa qué pasa con el apoyo de los pies y la tensión lumbar. Luego desplázala apenas hacia atrás y nota la diferencia.
  3. Busca un punto intermedio en el que: la zona lumbar esté menos tensa, las rodillas no bloqueadas, y el peso se perciba repartido en toda la planta de los pies.
  4. Después, juega con el torso: lleva el pecho un poco hacia delante y luego un poco hacia atrás, notando cómo cambia tu equilibrio, y encuentra de nuevo un “centro” donde sientes menos esfuerzo.
  5. Por último, incluye la cabeza: colócala un poco adelantada, luego algo retrasada, y descubre la posición en la que el cuello se siente más largo y ligero.

La sensación de “alinear el centro de gravedad” aparece cuando cabeza, tórax y pelvis se apilan de forma que el peso se transmite casi verticalmente a través del esqueleto y tú percibes menos trabajo muscular para mantenerte en pie.

3. Enfoque sentado: pelvis como base

Sentado sobre los isquiones, puedes imaginar que estás sobre la esfera de un reloj:

  • Rueda la pelvis un poco hacia atrás (como si te desplomaras) y luego hacia delante (como si “sacaras pecho”), observando qué ocurre con la respiración y la tensión lumbar.
  • Haz el movimiento cada vez más pequeño y busca un punto central en el que: el abdomen pueda moverse libremente al respirar, la espalda no esté ni rígida ni vencida, y el peso sobre los isquiones se sienta parejo.

Ese punto central es una organización más eficiente de tu centro de gravedad en sedestación, que luego se traslada a cómo te levantas, caminas, etc.

4. Qué caracteriza a una buena alineación “a lo Feldenkrais”

  • Sientes estabilidad, pero también posibilidad de moverte en cualquier dirección sin tener que “colocarte” primero.
  • La respiración se vuelve más amplia y menos esforzada.
  • Disminuye la sensación de rigidez en cuello, hombros o zona lumbar.

Alinear mejor tu centro de gravedad con la ayuda del método Feldenkrais trae beneficios que se notan en todo el cuerpo, porque implica reorganizar cómo te sostienes y te mueves, no “poner recta” la postura a la fuerza.​​

Integración del Sistema Visual en la Regulación Postural

Menos dolor y menos tensión

  • Al repartir mejor el peso a través del esqueleto, disminuye la carga excesiva en zonas como lumbares, cuello, rodillas y pies, lo que ayuda a reducir dolores crónicos y sobrecargas.
  • Aprendes a detectar cuándo estás usando más fuerza de la necesaria y a soltar tensiones “de más”, de modo que el cuerpo deja de estar en lucha constante con la gravedad.

Mejora de postura, equilibrio y coordinación

  • Una mejor relación con el centro de gravedad favorece una postura más organizada: la pelvis puede actuar como verdadero eje, y la columna se alarga en vez de comprimirse.​​
  • Al mejorar la alineación, aumenta la estabilidad y el equilibrio, algo útil tanto para la vida diaria como para deporte, danza o prevención de caídas en personas mayores.

Movimiento más eficiente y fluido

  • El método te ayuda a descubrir patrones de movimiento más económicos, con menos esfuerzo y más fluidez, lo que se traduce en acciones más coordinadas y reversibles (puedes parar o cambiar de dirección con facilidad).
  • Al “centrarte” mejor, la pelvis y la caja torácica participan más armoniosamente, y todo el cuerpo se reorganiza ante cada pequeño cambio de peso sin rigidez ni bloqueos.​

Respiración, regulación y bienestar general

  • Una postura más equilibrada respecto a la gravedad libera el tórax y el abdomen, facilitando una respiración más amplia y funcional.
  • El trabajo suave y atento propio de Feldenkrais calma el sistema nervioso, reduce el impacto del estrés y mejora la calidad del descanso y la sensación de bienestar global.

La desalineación del centro de gravedad genera un efecto dominó en el cuerpo, obligando a músculos, articulaciones y nervios a compensar constantemente desequilibrios que terminan afectando la salud general.

Dolor y sobrecarga musculoesquelética

  • Musculatura antigravitatoria (lumbares, cuello, glúteos, gemelos) trabaja en exceso para «sostener» el peso desplazado, provocando contracturas crónicas, fatiga muscular y dolores en espalda, cuello o extremidades.
  • Articulaciones como rodillas, caderas y columna sufren desgaste asimétrico, acelerando artrosis, hernias discales o tendinitis por distribución desigual de cargas.

Alteraciones posturales crónicas

  • Desplazamientos hacia adelante (cabeza y tronco adelantados) o laterales crean cifosis, lordosis exagerada o escoliosis funcional, comprimiendo discos intervertebrales y alterando la curvatura natural de la columna.
  • La pelvis se inclina o rota, afectando la biomecánica de piernas y pies, con riesgos de fascitis plantar, dolor de rodilla o acortamientos musculares.

Impacto neurológico y circulatorio

  • Nervios comprimidos por posturas viciadas generan ciática, hormigueo, debilidad o dolor irradiado; en casos extremos, afecta el equilibrio y aumenta el riesgo de caídas.
  • Compresiones vasculares alteran la circulación (hacia cráneo, pelvis o extremidades), contribuyendo a migrañas, vértigos, fatiga o problemas linfáticos.

Efectos sistémicos y emocionales

  • Respiración restringida por tórax comprimido reduce oxigenación, afectando energía, concentración y sueño.
  • El estrés crónico de compensar desequilibrios eleva cortisol, genera ansiedad por movimiento limitado y reduce calidad de vida general.

En resumen, estos efectos no son aislados: un centro de gravedad desalineado perpetúa un ciclo de tensión → dolor → más compensación → mayor desalineación, pero se puede revertir con conciencia corporal como el Método Feldenkrais.

Los síntomas de desequilibrio del centro de gravedad suelen manifestarse primero en el movimiento y la postura diaria, antes de convertirse en dolor crónico.

Síntomas musculoesqueléticos comunes

  • Dolor localizado: Molestias frecuentes en cuello, hombros, zona lumbar o rodillas, que empeoran al final del día o tras estar mucho tiempo sentado/de pie.
  • Fatiga muscular precoz: Sensación de agotamiento en espalda baja, glúteos o piernas, incluso sin actividad intensa.
  • Rigidez postural: Postura encorvada (cifosis), cabeza adelantada («cuello de texto») o pelvis inclinada, con dificultad para «ponerse recto» sin esfuerzo.

Alteraciones en el equilibrio y movimiento

  • Inestabilidad al caminar: Marcha insegura, tendencia a tropezar o sensación de «bamboleo», especialmente en superficies irregulares.
  • Dificultad para girar o cambiar dirección: Movimientos bruscos que requieren compensaciones visibles con brazos o tronco.
  • Cambios en la pisada: Apoyo excesivo en talones, dedos o un solo lado del pie, con callosidades asimétricas.

Síntomas neurológicos y sensoriales

  • Mareos leves o inestabilidad: Sensación de flotar, vértigo posicional (al levantarse rápido) o desorientación espacial leve.
  • Hormigueo o adormecimiento: En extremidades inferiores, manos o cara, por compresión nerviosa secundaria.
  • Dolor referido: Cefaleas tensionales, pinchazos en glúteos (pseudociática) o dolor escapular.

Signos sistémicos indirectos

  • Respiración superficial: Sensación de «no respirar hondo» por tórax restringido.
  • Fatiga general: Baja energía diaria, dificultad para concentrarse o dormir bien.
  • Asimetrías visibles: Una cadera más alta, hombro elevado o pierna que parece más corta.

Estos síntomas suelen aparecer de forma gradual por hábitos posturales (trabajo de oficina, cargar bolsos siempre del mismo lado) y se agravan con el tiempo si no se corrigen. En el contexto Feldenkrais, reconocerlos es el primer paso para explorar patrones más eficientes.

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