La importancia de nuestro centro de gravedad

Según una investigación publicada en la revista académica Theoretical Biology and Medical Modeling, el centro de gravedad de una mujer es de un 8 a un 15 por ciento más bajo que el de un hombre

La Pelvis: El Centro de Equilibrio Humano. La importancia de nuestro centro de gravedad
La pelvis no es solo un soporte para las vísceras; es la llave del equilibrio y la biomecánica. Actúa como un puente que distribuye el peso de la columna hacia las piernas, convirtiéndose en el epicentro de la relación entre el cuerpo y la gravedad. Según una investigación publicada en la revista académica Theoretical Biology and Medical Modeling, el centro de gravedad de una mujer es de un 8 a un 15 por ciento más bajo que el de un hombre
1. El Centro de Gravedad (CG) y la Estabilidad
El centro de gravedad se localiza cerca de la articulación lumbosacra. Un equilibrio preciso a este nivel garantiza una coordinación fluida. Si la pelvis pierde su posición horizontal, el peso se reparte de forma desigual, afectando desde la alineación de los isquiones hasta el apoyo de los pies.
2. Libertad de Movimiento: El Factor Clave
Según autores como Feldenkrais y Kapandji, la «postura correcta» es imposible sin una pelvis libre. Esta movilidad depende de:
La posición del sacro: La base de la columna que recibe el peso superior.
La articulación de la cadera: Donde se encuentran el tronco y las piernas.
3. Consecuencias del Desequilibrio
Cuando la pelvis se desvía (anteversión o retroversión), el centro de gravedad se desplaza, generando una reacción en cadena:
Estructural: Sobrecarga en las vértebras lumbares ($L4$ y $L5$), dolor de rodillas y un andar ineficiente.
Visceral: El desplazamiento del «cuenco» pélvico altera el sostén de órganos (útero, próstata, vejiga), pudiendo causar prolapsos, incontinencia o disfunciones sexuales.
Miofascial: Los músculos (abdominales, glúteos e isquiotibiales) pierden su tono natural. Fortalecer músculos sobre una pelvis desalineada solo exacerba el problema.

El bienestar del ser bípedo depende de su relación con la gravedad. Una pelvis neutra y móvil permite que la columna y la cabeza se muevan en armonía, funcionando como un sistema de poleas perfectamente coordinado.La pelvis presenta una forma que recuerda a una silla de montar o a un cuenco capaz de sostener las vísceras. El reconocido médico y ortopedista francés Adalbert Ibrahim Kapandji la describía como “un embudo con una amplia abertura superior que conecta la cavidad abdominal con la pelvis”, y por la claridad de sus explicaciones se lo considera un verdadero artista de la biomecánica.

Su función principal es transmitir las fuerzas entre la columna vertebral y las extremidades inferiores. El peso del tronco desciende desde la quinta vértebra lumbar hacia las alas del sacro, y de allí pasa a las articulaciones de la cadera a través de las espinas ilíacas. A la vez, la pelvis recibe las reacciones del suelo que ascienden desde las piernas hasta la cadera y la sínfisis púbica.

Para cumplir correctamente su función, la pelvis debe conservar libertad de movimiento, determinada por dos factores principales. El primero es la posición del sacro, que se une firmemente al conjunto pélvico mediante ligamentos y tejidos miofasciales, y cuya orientación depende de la columna vertebral, de la que constituye su base. El segundo factor es la movilidad de las articulaciones de la cadera, en especial la relación entre la cabeza del fémur y el acetábulo, punto de unión entre el tronco y las piernas.

El peso del cuerpo tiende a empujar hacia adelante la base del sacro —su parte superior—, y como la mayoría de nuestras actividades implican inclinar el torso hacia adelante, el extremo inferior del sacro y el cóccix compensan girando hacia atrás. Este movimiento produce una anteversión pélvica, la cual suele acompañarse de hiperlordosis lumbar.

Columna vertebral y pelvis forman una unidad estructural cuya estabilidad depende del equilibrio entre tensión y apoyo. Cualquier desequilibrio, sobre todo entre la cuarta y quinta vértebras lumbares, incrementa el riesgo de lumbalgia. De ahí la importancia de mantener una postura adecuada al sentarse, inclinarse o moverse. Como señaló Moshé Feldenkrais, “no puede existir una postura correcta si la pelvis carece de libertad en sus articulaciones”. Cuando se limita su movimiento, se pierde la fluidez del accionar corporal.

Al estar de pie, la pelvis debe conservar una posición horizontal: las espinas ilíacas anterosuperiores deben situarse al mismo nivel. Si estas están alineadas, también lo estarán los isquiones y el peso se repartirá equitativamente entre ambos lados. El centro de gravedad del cuerpo suele ubicarse a nivel de la articulación lumbosacra, de modo que un correcto equilibrio en esa zona garantiza una coordinación armónica entre movilidad y estabilidad.

El equilibrio pélvico depende del trabajo conjunto de músculos y ligamentos (estructuras miofasciales) que conectan el sacro y los huesos coxales con las extremidades inferiores. En esta región se insertan músculos potentes como los glúteos, isquiotibiales, aductores, abductores y rotadores, que determinan la posición pélvica y, en consecuencia, su movilidad.

La pelvis puede adoptar diferentes posiciones —anteversión, retroversión, rotación o inclinación— y cada una altera la curvatura de la columna y la alineación de las piernas. Por ejemplo, un acortamiento de los isquiotibiales afecta el equilibrio de las rodillas, las comprime y modifica su alineación, lo que resalta la relevancia de la pelvis en su correcto funcionamiento.

Cuando la pelvis se encuentra en anteversión (las espinas ilíacas anterosuperiores caídas), los órganos abdominales se desplazan hacia adelante y hacia abajo. Este desplazamiento altera el tono de los músculos y fascias de sostén, afectando la función de los abdominales, glúteos y rotadores. Las asimetrías pélvicas también modifican la posición de la sínfisis púbica, punto de inserción de varios músculos importantes, lo que no solo perjudica la postura sino también la coordinación general del cuerpo.

Estas alteraciones repercuten en los órganos internos: los ligamentos que sostienen el útero, los ovarios, la próstata, la vejiga o el intestino pueden tensarse o debilitarse, generando prolapsos, incontinencia o disfunciones sexuales. En palabras de Feldenkrais, “no se puede hablar de una parte del cuerpo de forma aislada: toda restricción en una zona afecta la coordinación global del movimiento”.

Cuando el tono muscular de la base pélvica es el adecuado, los músculos se mantienen activos sin esfuerzo consciente, permitiendo que la columna se mueva con fluidez y que cabeza y pelvis trabajen en armonía, como engranajes conectados por una misma cadena. Músculos y huesos dependen de una tensión equilibrada que defina su tono y orientación, y esto está determinado por la posición espacial de los huesos de apoyo. Por todo ello, la pelvis es una pieza esencial para el bienestar humano y para la relación del cuerpo con la gravedad terrestre.

Finalmente, realizar ejercicios de fortalecimiento como abdominales o trabajo de glúteos sin antes equilibrar la pelvis puede agravar los desequilibrios existentes, aumentando la tensión en los músculos ya acortados y profundizando la asimetría. La importancia de nuestro centro de gravedad es mucho más que una cuestión de equilibrio, lo es a nivel de salud visceral, estructural y miofascial.

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